La terraza de tus sueños 1ª parte: ¿cómo contenemos la tierra?

Una terraza, aunque sus características físicas varían, se asemeja a una habitación en el exterior que carece de muros, la mayoría de las veces sin techo, y mucho más amplia que un balcón.

En ella se pueden llevar a cabo múltiples actividades, pero lo que la hace única es que podemos transformarla en un jardín a nuestra disposición. Sin embargo no tiene precisamente lo que caracteriza a un jardín, es decir la tierra, elemento imprescindible para el soporte de las plantas.

Empezamos bien….¡ésta es la primera limitación!

Pero no desistamos, ni todo en un jardín es la tierra ni tampoco nada nos impide que una terraza pueda tenerla.

  • Entre los primeros están todos los elementos de un jardín que no son plantas, como mobiliario, pavimentos, cerramientos laterales, fuentes, sistema de riego, iluminación….Tienen su lugar y juegan el mismo papel que dentro de la vivienda: nos permiten disfrutar de ella al mismo tiempo que aportan comodidad, intimidad, una estética determinada…..
  • Y los segundos son todos los recipientes que pueden contener tierra y por lo tanto, plantas: aunque pueden no ser el elemento más importante, sí que son los únicos que actúan como soporte de ellas….y estas son por excelencia las reinas de las terrazas.

¿Entonces, qué posibilidades tenemos de “contener” la tierra?

Hay varias, adaptadas a diferentes gustos, presupuestos, carácter definitivo de la intervención, peso máximo que puede aguantar la edificación, etc …

Jardinera de obra: carácter definitivo, coste y peso más elevado. Hecha a medida: se puede personalizar forma, medidas, acabado, incorporar iluminación…

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Jardinera de estructura de madera en diferentes acabados: se puede cambiar de ubicación, menor peso, el coste puede variar según el acabado: madera, material porcelánico, piedra, etc …Hecha a medida: se puede personalizar forma, medidas, acabado, incorporar iluminación…

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Jardinera de chapa corten o chapa galvanizada: se puede cambiar de ubicación, gran rendimiento en volumen de tierra, peso medio, coste medio – elevado. Hecha a medida: se puede personalizar forma, medidas, incorporar iluminación…

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Jardineras a disposición en el mercado: se pueden cambiar de ubicación, menor peso pero la mayoría de las veces con un bajo rendimiento en volumen de tierra. Gran variedad de precios. Formas, medidas y acabados estandars.

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No hay una solución única, sino que para cada caso habrá una o varias más indicadas e incluso soluciones nuevas que surjan en el devenir del proyecto.

En la próxima entrada os hablaré de las plantas y la manera de asegurar su éxito: selección de las especies y manera de disponerlas.

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Las 4 dimensiones del jardín

Cualquier espacio a simple vista es tridimensional. Es decir viene definido por su longitud, anchura y altura, pero en realidad existe otra dimensión más que lo define: el tiempo. Este aspecto es importantísimo para cualquier ser vivo y por lo tanto para el jardín.

No os voy a hablar de lo que supone el crecimiento para los seres vivos (entre ellos las personas, los animales y las plantas) pero sí de lo que supone para un jardín.

Siempre digo que “se empieza a hacer” en el momento en que nos vamos de él, es decir que nos vamos las personas que hemos contribuido a su diseño y ejecución. Es a partir de aquí cuando con su crecimiento va a adquirir la forma que el diseñador tiene en mente, siempre con las maravillosas sorpresas que depara la naturaleza y con las mínimas atenciones que requiere.

Y ¿por qué os hablo del tiempo ahora? pues porque la semana pasada, transcurridos 4 años, repetí una foto con la que me siento muy identificada y que por ello escogí para la portada de la web. Sólo quería que la vierais. Está hecha el mismo día, a la misma hora y por suerte la luz era muy similar.

Con ello os quiero hablar de cómo el jardín va adquiriendo su forma y justo lo hago con un ejemplo que seria el menos indicado ya que este jardín en concreto tenía la estructura muy definida desde el primer momento. Aquí el elemento vegetal actúa como relleno y la forma la aportan los diferentes materiales y pavimentos los cuales si acaso con el tiempo se van deteriorando  ¡Pero quería enseñárosla!

Su propietaria me comentó que desde el primer día le ha transmitido la paz y la felicidad que buscaba y que ahora, adquiriendo la madurez, todo se ha multiplicado. He de volver en primavera para poder captar los granados – Punica granatum -en flor y la floración de la Escallonia macrantha. 

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16 Noviembre 2011

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16 Noviembre 2015

Han sacado el tamarindo – Tamarix gallica– del fondo que aportaba el color dorado

Ahora os voy a mostrar 2 ejemplos donde el tiempo sí que ha sido un factor decisivo, como lo es en la mayoría de lo casos. ¡Espero os gusten!

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Mayo 2005

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Abril 2008

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Julio 2010

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Septiembre 2015

El Pluviómetro

Os voy a hablar del pluviómetro manual. Es un aparato muy sencillo, al alcance de cualquiera, que sirve para medir la cantidad de precipitación caída en un lugar y en un tiempo determinado.

El agua es recogida por una abertura superior de área conocida que, a través de la propia forma de embudo del pluviómetro, pasa a un depósito que mediante una regla graduada en mm, permite visualmente saber la cantidad de agua recogida desde la última medición.

Se llama manual porque nosotros determinamos el tiempo transcurrido entre mediciones y será suficiente para uso doméstico siempre que tengamos la precaución de tomarlas con cierta regularidad (con nuestro régimen hídrico no hay problema ya que las lluvias son muy puntuales, vamos que nos “enteramos cuando llueve”) y en el caso de lluvias torrenciales en las que la capacidad del pluviómetro pudiera ser insuficiente, también difícil ya que tienen capacidad de 70 – 80 mm de agua (equivalentes a 70-80 litros/m2*), bastaría con anotar la medición y vaciarlo en una tregua de la misma.

Para mediciones más exactas y no ligadas a la lectura manual, el pluviómetro ha dado paso al pluviógrafo que registra gráficamente en una tira especial de papel cuadriculado la cantidad de lluvia en un intervalo de tiempo determinado (diario, semanal, etc.)

Con el desarrollo de la electrónica y de los ordenadores, los pluviógrafos han pasado de un registro mecánico a dispositivos electrónicos con capacidad de almacenar datos digitales y que son los que encontramos en una estación meteorológica convencional.

Pero volviendo a nuestro pluviómetro, el único requisito es su ubicación. Lo ideal es situarlo a 1,5 m del suelo y si no es posible por lo menos a 1 m (también difícil porque lo que encontramos en cualquier superficie comercial de bricolaje es el pluviómetro propiamente dicho con una pieza para clavarlo directamente al suelo, con lo que situarlo a 1-1,5 m ya supone algo de ingenio).

De todas maneras, aunque lo pongamos a ras del terreno, sí que hay que procurar que esté en un espacio abierto, libre de obstáculos, como edificaciones, vallas, árboles y ramas, etc. para que la precipitación se reciba sin interferencias, goteo directo o remolinos, en el caso de que por causa del viento, ésta llegue con alguna inclinación.

Si hubieran obstáculos, estos se habrían de localizar a una distancia mínima  4 veces la altura de dicho elemento y en el caso de que también sea difícil cumplir con este requisito, procurar que esté lo más lejos posible de cualquiera de ellos.

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Aquí tenéis mi pluviómetro:

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*¿Por qué se usan dos unidades para cuantificar la precipitación caída? y ¿qué relación hay entre ellas?

Litro por metro cuadrado: l/m2  quiere decir que cae 1 litro, repartido en 1 metro cuadrado de superficie.

mm de agua: es otra manera de expresar lo mismo ya que si se vierte 1 litro de agua en un recipiente de 1 metro cuadrado de superficie, la altura que alcanza en una escala graduada en mm,  es de 1 mm.

La segunda primavera

Quizás habréis observado que desde hace unas dos semanas las plantas empiezan a mostrar “otra cara”: brotes tiernos, ramas que salen disparadas en todas direcciones, inicio de nuevas floraciones…… Y todo ello ¿a qué se debe?

Pues parecido a lo que nos pasa a nosotros. Después de los calores de los meses de julio y agosto, y más este año que no han dado tregua, las plantas detectan que las temperaturas nocturnas no son tan altas, que el día se va acortando… y reaccionan como mejor saben, creciendo. De esta manera demuestran que el periodo de “aguantar como se pueda” en condiciones más extremas, es decir, con el mínimo esfuerzo, se ha acabado. Normalmente este efecto se empieza a observar  a partir del 20 de agosto, cuando solemos tener algunas tormentas que limpian, refrescan el ambiente y colaboran en el proceso.

Pero este año ha sido extremo también en esto. Las lluvias no han aparecido hasta el 1 de septiembre y durante esta primera semana del mes cayeron en Tarragona ciudad 47 litros por m2 (47 mm)* ¡Bendita agua! Cuánto bien ha hecho y qué poco han tardado las plantas en demostrarlo.

Si tenéis oportunidad fijaros en esta segunda primavera tanto en jardines como en el campo. No es tan espectacular como la verdadera pero no por ello menos bonita. Llega en un momento en que tanto el jardín como nosotros necesitamos un cambio y que se corresponde con una atmósfera más limpia y una luminosidad increíble gracias a que ya aparece el Mestral (NW), viento responsable de secar el ambiente y de que nosotros empecemos a respirar!

*Medición del pluviómetro de mi jardín

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¡Necesito poner orden a mi jardín!

Hoy os voy a presentar una situación cada vez más habitual en mi día a día profesional y que puede parecer muy similar a la entrada anterior, “El orden en el jardín”, pero que en realidad se trata de dos problemáticas completamente diferentes. Así como en éste, aplicábamos el concepto de ORDEN al proceso de creación  partiendo de cero, hoy os voy a comentar la necesidad de poner orden a jardines ya consolidados y esto no solo en alusión a que mañana empieza el mes de septiembre y podemos volver de vacaciones con buenos propósitos…

Vamos a hablar de jardines que tienen sus años y que se han hecho o poco a poco o de una vez pero sin ningún criterio o idea principal. Son un conjunto de elementos que pueden mantener alguna relación con algún otro pero no con el resto en su totalidad.

Han carecido de la llamada “idea principal” que va tomando forma en cada elemento del jardín pero supeditado siempre al resultado del conjunto. Es lo que conocemos como unidad del jardín: cada elemento desempeña su papel y contribuye al resultado final con más o menos protagonismo según la escala de valores que nosotros establecemos:

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Sobre todo, esta necesidad de poner orden al jardín se manifiesta cuando, por motivos de sobra conocidos, queremos quitar el césped de nuestros jardines. Hasta hace bien poco el elemento indispensable en ellos y tal como vimos en la primera entrada de este blog, cuando éste desaparece, en la mayoría de los casos, se pone de manifiesto que los elementos existentes carecen de una mínima conexión entre ellos.

Pero no todo está perdido sino todo lo contrario. Resulta un gran reto para el paisajista crear nexos de unión entre elementos ya existentes, aprovechando al máximo todo lo que se pueda, obteniendo un espacio completamente diferente en el que cada uno tiene un sentido y juega su papel.

Los recursos utilizados son varios y diversos:

  • Repitiendo elementos ya existentes
  • Con nuevas líneas de diseño que establezcan nexos de unión
  • Con el uso del color / materiales etc …

Lo que se pretende es que todo tenga una razón de ser y que el jardín sea el resultado de una  idea única, obteniéndose un jardín único, para nada un “apaño” de una situación inicial.

A continuación os muestro las fotos del antes y el después de la intervención en un caso concreto:

ANTES: Superficie cubierta por césped en casi toda su totalidad, con una piscina portátil, alguna plantación perimetral, tres ejemplares vegetales muy diferentes entre sí plantados en un mismo tipo de alcorque y una zona de juegos infantiles con una olivera

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DESPUÉS: Se costruye una piscina de obra, se crean caminos y se reduce la superficie de césped a la mínima expresión y además artificial. Se repite el tipo de alcorque y las especies vegetales, se consolida la zona de juegos, se crea una zona de huerto y se hacen plantaciones perimetrales

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 El jardín es otro y para nada un “remiendo”. ¡Espero que os guste!

EL ORDEN EN EL JARDÍN

¿Cuál es el elemento no visible del jardín pero máximo responsable de cómo es este, es decir de lo bonito, impactante, elegante….- y todos los calificativos que queramos ponerle – que puede llegar a ser?

¡Este es el ORDEN, en letras mayúsculas!

La definición de orden incluye varias acepciones, pero la nuestra sería: colocación de las cosas en el lugar que les corresponde.

Aparecen por tanto dos connotaciones, una espacial, y que apunta a una localización determinada y otra que es la que la asigna como la propia, la que le corresponde.

  • La localización, en nuestro caso, se refiere al espacio físico que ocupan los diferentes elementos del jardín.
  • El segundo componente es el que precisa y delimita el significado, frente al primero que meramente apunta a los aspectos posicionales exentos, y aquí el lugar correspondiente a cada cosa, es algo que debe estar determinado previamente a la distribución de los objetos, de forma unívoca y que por tanto establezca una relación perfectamente conocida entre objeto y posición.

¡Aquí es donde reside la gracia del jardín, en encontrar el lugar que le corresponde a cada cosa!

Para poder “ordenar” primero hay que “elegir” los elementos a colocar.

La elección de cada elemento no es sencilla, es el resultado de los dos objetivos a cumplir por el jardín: utilitario y estético.

  1. En primer lugar la razón analiza el espacio y junto con las necesidades a cubrir, se establecen los usos de cada zona.
  2. En segundo lugar intervienen los factores estéticos: del entorno, de la vivienda y las preferencias del cliente.

Y todo ello sin olvidar que se pueden dar dos situaciones diferentes: cuando cada posición puede ser ocupada por una única cosa o cuando no se produce esta exclusión posicional y varios objetos puede tener la misma localización, y es aquí donde interviene la manera de hacer del propio diseñador.

Todo ello proporciona unos elementos / mediciones que son la base de nuestro futuro jardín.   Al mismo tiempo que se escogen, se les va atribuyendo su lugar correspondiente y éste no es sólo físico (unas coordenadas determinadas), sino que con su ubicación también se pone de manifiesto la relación que establece este elemento con su entorno inmediato y su papel en el resultado final.

Hasta aquí todo es teórico, pero en el caso concreto de los elementos vegetales, llega el día en el que por fin, ¡ya están en el jardín!

En un primer momento todos están agrupados por especies tal como han sido descargados del camión. El primer impulso es pensar que nos hemos equivocado y que son pocos para el espacio a ajardinar –siempre… independientemente de la superficie del mismo-.

Ahora viene el momento mágico. En mi caso concreto voy colocando cada uno en su sitio en un movimiento que es la síntesis de todo el proceso iniciado con la primera visita al cliente.

Cada planta tiene su lugar asignado según un boceto primero y un plano ejecutivo después, pero es en este momento cuando se materializan realmente los aspectos funcionales y estéticos y es el propio lugar el que te indica donde va cada una de ellas. Aquí intervienen todas las leyes del diseño – que veremos en futuras entradas – y que al igual que las leyes físicas, van estableciendo sus lazos de manera que una planta tiene que estar aquí y no dos palmos más allá, siempre según la interpretación personal que el diseñador hace de todo el proceso.

Es un momento muy importante para el diseñador y de gran felicidad para todos y pensaréis ¿qué pinta el orden en todo esto? Pues un determinado orden  hace que el resultado sea bello, elegante, transmita paz, energía, entusiasme, nos conmueva…. o todo lo contrario y si no podemos hacer la prueba.

Cogemos varios elementos y los damos a distintos individuos  para que los coloquen en un mismo lugar. Veremos lo diferente que puede ser el resultado porque “poner en orden algo” es un acto aparentemente sencillo con mucho trabajo detrás.

Y según palabras del artista milanes Piero Fornasetti (1913-1988): “El artista debe poner orden en las cosas para crear otro mundo, una segunda naturaleza”.

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¿QUÉ PONEMOS EN LUGAR DE CÉSPED?

Volviendo al título del blog, Jardín sin Césped y después de la introducción al tema en la primera entrada, voy a intentar responder a la pregunta ¿qué pongo en lugar de césped?

El césped y en este concepto incluimos todas las especies vegetales que se comportan como tal, principalmente de la familia de las Gramíneas aunque no todas, como Dichondra repens (familia Convolvuláceas)  o  Trifolium repens = trébol blanco (familia Leguminosas) entre otras, presentan la particularidad, que a su vez las hace únicas, de formar una cubierta vegetal continua, transitable y resistente bajo uso frecuente, con el requisito de siegas regulares y riegos más o menos abundantes.

Dentro del jardín, el césped o pradera es el único elemento vegetal  que se comporta como un pavimento, es decir permite que desarrollemos actividades sobre él sin perder su condición de ser vivo.

A la hora de buscarle un substituto, ya sea en el proceso de diseño de un jardín nuevo como en el de reforma de una pradera existente, ésta es la base sobre la que podemos actuar.

Si lo que queremos potenciar es su carácter de ser vivo, utilizaremos cualquier otra especie vegetal que siendo diferente, aporte otras características igual o más atractivas: floración, variación cromática y estacional, mayor altura, mínimo mantenimiento y consumo de agua…

Si por el contrario, lo que queremos potenciar es la funcionalidad del espacio, utilizaremos cualquier material de acabado de superficie en función de la actividad a desarrollar:

  • Duro – poroso: Gravas. Buen drenaje, bajo coste, fáciles de instalar y mantener. Indicadas para el juego, caminar, pasear, zona de estar.
  • Duro – impermeable: Asfalto, lajas de piedra, losas sobre mortero, hormigón… Indicadas para zonas de tránsito, peatonales o de vehículos, zonas de estar, plazas.
  • Flexibles: compuestas por varias capas de materiales asentadas sobre arena u otro material similar: Adoquín, madera, corteza de árbol, restos de poda, piedra volcánica, arena compactada, resinas, césped artificial,… Se emplean para circulación de personas o vehículos, zona de juego, de estar, mulching.

En todos estos casos se acabó el “problema de qué pongo en lugar de césped”. Pero la solución no es única y lo ideal es encontrar la combinación de varios  elementos que se ajuste a nuestro jardín en cuestión.

E incluso no prescindir totalmente del césped si este es nuestro deseo. Para ello podemos reducir su superficie a valores que podamos mantener y  hacer que el interés de nuestro jardín recaiga también en los otros elementos.

En Internet se pueden ver muchas fotos inspiradoras de jardines sin césped que son auténticas maravillas, pero antes que nada hay que hacer la reflexión previa de cómo quiero que sea mi jardín y en el caso de que no nos veamos capaces de encontrar una solución, recurrir a un paisajista que sabrá dar forma a nuestras ideas.

Os voy a enseñar unas fotos de mi jardín que inicialmente tenía césped y que después de unos años substituí por grava, a ver si os gustan.

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El miedo que tenía era a “echar de menos” el color verde. Es decir una sensación sobre la que el raciocinio: menor consumo de agua, menos mantenimiento, otros usos… no puede actuar, y la sorpresa fue que ¡para nada! El contraste de la grava con los otros verdes es espectacular y además el nuevo uso de este espacio hace que para nada  haya echado de menos ni el césped ni su color.

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